Sínodo de Obispos


A continuación presentamos las intervenciones de los hermanos Capuchinos en el Sínodo de Obispos sobre la Nueva Evangelización.


S.E.R. Mons. John CORRIVEAU, O.F.M. Cap.
Obispo de Nelson (Canadá)


Martes, 9 de octubre de 2012
El Papa Juan Pablo II enseñaba que la comunión es la misión y la respuesta profética de la Iglesia al individualismo de nuestro tiempo. Él hacia hincapié en que la Iglesia cumplirá su misión sólo si fomenta una espiritualidad de comunión (NMI, 43). Una espiritualidad de comunión es profundamente Trinitaria. Cuando el amor Trinitario surgió en el mundo con la encarnación, un nuevo y vital poder de relación y unidad se reveló a la familia humana. La llamada a la comunión es más que un eslogan: es la conversión del corazón.
En la gran explosión misionera de la Iglesia durante el siglo XIX y principios del XX, hubo una gran coherencia entre la comprensión de sí misma por parte de la Iglesia y la espiritualidad que expresaba. La Iglesia se describía a sí misma como una “sociedad perfecta que guiaba a las almas hacia Dios”. Esto halló su expresión en una espiritualidad ascética, una espiritualidad de perfección personal, dando lugar a una gran cantidad de Congregaciones religiosas apostólicas y movimientos eclesiales que llevaron el Evangelio a todo el mundo.
La espiritualidad de comunión debe generar una renovación similar en la Iglesia de hoy, para que dé vida a Congregaciones religiosas y movimientos eclesiales. Los movimientos eclesiales y las Congregaciones religiosas que ya existen deben renovar también su espiritualidad y su misión a la luz de la identidad común de la Iglesia.
Los ministros y agentes pastorales, así como los movimientos eclesiásticos y las Congregaciones religiosas, cuya espiritualidad esté formada y vivificada por el Misterio de la Santísima Trinidad, deben abrir nuevos caminos para el diálogo con nuestro mundo secularizado, contribuyendo de forma importante a la nueva evangelización.

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Revdo. P. Mauro JÖHRI, O.F.M. Cap.
Ministro General de la Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos


Viernes, 12 de octubre de 2012
Las Órdenes mendicantes contribuirán a la nueva evangelización en la medida en que sepan renovarse conforme al carisma de su fundador y en atenta escucha de las complejas situaciones de nuestro tiempo. Se nos pide una fidelidad creativa como la supo vivir profundamente de modo ejemplar – pongo el ejemplo que me está más cerca – San Francisco de Asís.
¿En qué sentido se puede hablar de Francisco como de un “hombre verdaderamente nuevo”? Creo poder afirmar que él fue un hombre verdaderamente nuevo porque supo proponer de nuevo, de un modo fuerte y convincente, a Jesucristo y su Evangelio. No se puso en el puesto de Cristo: de ninguna manera. Francisco descubrió a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, como se descubre el tesoro escondido en el campo. Una vez descubierto el tesoro que es Cristo, Éste motivó y acompañó todas las elecciones de la vida de Francisco.
Y para entrar en plena posesión de este tesoro, para ser profundamente transformado mediante el contacto con la persona de Cristo, Francisco abandonó todo, rompió con la familia, asumió una existencia vagabunda, renunció a toda forma de contestación para iniciar un estilo de vida que entonces era completamente inédito. Puso a Cristo en el centro de su vida y para hacerle realmente puesto lo servía en los leprosos, se retiraba gustosamente a vivir en los eremitorios, iba por las plazas predicando penitencia.
Nosotros, religiosos, estamos llamados a poner a Cristo con decisión en el centro de nuestra vida; y esto lleva consigo tener el valor de testimoniarlo abiertamente. No debemos tener miedo de decir que por Él y sólo por Él hemos elegido abrazar la vida religiosa y vivir en recíproca dependencia en fraternidad. Estamos invitados a afirmar que sólo de Él esperamos la recompensa por nuestras renuncias y que la parte mejor todavía debe venir.
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S. E. R. Mons. Jesús Esteban SÁDABA PÉREZ, O.F.M. Cap.
Obispo titular de Assura
Vicario Apostólico de Aguarico 
(Ecuador)


Sábado, 13 de octubre de 2012
Anunciar el evangelio en la propia cultura es algo importante para el momento actual, en culturas tradicionales y modernas.
La Encarnación es el fundamento de la inculturación. Mientras no se llega a evangelizar la cultura no penetra el evangelio en la persona. San Pablo quería hacerse “judío con los judíos, griego con los griegos, para llevar a todos a Cristo”.
Al enjuiciar hoy la situación en las culturas ancestrales se considera con frecuencia la presencia del Evangelio como una colonización.
Hay dos actitudes ante esta realidad:
  • la de un estudioso de la “política de las religiones” que afirma que “sólo si es creíble en Europa, la Iglesia será creíble en el mundo”
  • la del Misionero recogida en el consejo dado por Monseñor Alejandro Labaka, obispo misionero muerto con fama de martirio en la amazonia ecuatoriana.
Amar a quienes queremos evangelizar, creer sinceramente que el Espíritu de Dios está actuando en todas las culturas y aceptar que el Evangelio no es patrimonio exclusivo de una cultura sino que puede y debe ser acogido por todas, es lo que llenará de la alegría del Evangelio a todos los pueblos.

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