Un Capuchino Mago



Una de sus últimas actuaciones fue en el Festival Franciscano de Rímini (Italia), a finales de septiembre: a pie de calle, con el verbo locuaz, el tono guasón y la desenvoltura de un monje medieval acostumbrado a circular entre la gente y atraer su atención. En su caso, mediante trucos de prestidigitación. Porque no se trata de un disfraz, los hábitos son reales: el padre Gianfranco Priori (el Frate Mago o Padre Mago, como es conocido) es capuchino e incluso ejerce un cargo de responsabilidad en las misiones externas de su orden.


Atraer para evangelizar
Pero donde está en su salsa es sacando la baraja y jugando a adivinar la carta que has pensado, o extrayendo del pañuelo que le prestas una paloma, o enredando y desenredando una cadena de aros de forma que parece romper el principio de impenetrabilidad de la materia. Pequeñas ilusiones muy conocidas y que parecen siempre nuevas, sobre todo si es un fraile todo simpatía quien te las presenta: "Utilizo esta habilidad como pre-evangelización, esto es, como un medio eficacísimo para atraer la atención y la simpatía de los espectadores, a quienes hablo después del Evangelio y de la Iglesia".

El Padre Mago empezó tarde en esto, aunque ya se acerca a los treinta años de experiencia. Tenía 23 años y un buen día descubrió que tenía una infrecuente capacidad para el manejo de la baraja, a pesar de que sus manos "no son sutiles ni delgadas como mandas los cánones de la estética", confiesa. Se puso a aprender en revistas especializadas, y en cuanto aprendía vio que disfrutaba haciendo trucos. 

Cuando comprobó además que "los espectadores se quedaban contentos y mi actuación no desmerecía de mis hábitos religiosos", empezó a hacer sistemáticamente lo que antes sólo era improvisado y espontáneo. Hoy le llaman desde toda Italia con un año de anticipación, y con sus artes del engaño blanco ha recorrido tanto fiestas al aire libre como actuaciones en teatros de renombre y en televisiones.

Sorprendiendo a los expertos
Además, para él, este don responde a la esencia de la vocación capuchina, "los frailes del pueblo", como se les conoce. Porque "la gente simpatiza con el padre, pero no frecuenta mucho la iglesia y hay que ir a buscarla a casa, puerta por puerta". Esa "presencia del padre en medio de la gente, con sencillez y humildad", forma parte de su apostolado: "Siempre he puesto mi arte al servicio de la Iglesia". Como San Juan Bosco, aduce -patrón de los prestidigitadores-, con sus habilidades como equilibrista.

El padre Priori no se contenta con repetir lo ya visto. Ha creado números nuevos que asombran a los profesionales cuando se los presenta: "No están en ningún libro y nadie los ha hecho jamás. Incluso tras mi explicación quedan insatisfechos, porque no consiguen repetirlos", presume en una entrevista que concedió antes de una actuación en San Pietro di Legnago, en diciembre de 2011.

Comunicarse como sacerdote
Y sabe adaptarse a cada público. Le encanta actuar ante los niños, por el interés con el que siguen sus operaciones. Más difícil se lo ponían en la misión capuchina de Wolaita (Etiopía), donde ha estado dos veces. Allí son muy aficionados a los juegos de manos, pero al mismo tiempo muy temerosos de los demonios. Así que introducía fuerzas preternaturales como responsables de sus efectistas juegos, y en alguna ocasión alguno huyó aterrando creyéndole en posesión de alguna fueza misteriosa.

En las catequesis, saca el mazo en cuanto percibe a los niños cansados o empezando a aburrirse: "¡Se despiertan enseguida!", bromeó en declaraciones a Informusic. Y explica la razón de su amor a este arte: "El arte no es algo postizo en ti. En el arte te comunicas a ti mismo: tu pasión, tu gana de vivir, tus miedos, la esperanza, la sonrisa. Comunicas el bagaje de tu existencia. Si eres sacerdote, eso lo comunicas también".

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